Shounen Ga | Otona Capitulo 1 Cap 1
Ella no leyó en voz alta. No hacía falta. Cuando más tarde lo devolvió, había señalado con una pequeña nota una de las páginas: "La escena en la estación — madura, pero aún joven." Fue la primera vez que alguien puso palabras sobre su trabajo con una mirada que no era ni condescendiente ni meramente amable. Esa nota lo dejó pensativo. ¿Qué significaba que algo fuera "maduro pero joven"? Empezó a intuir que la adultez no era una línea recta hacia un punto definido sino una superposición de momentos donde se elegía asumir las consecuencias de las propias decisiones.
Esa noche, antes de dormir, Kazuya abrió su cuaderno y dibujó el interior de la estación: gente cruzando, el reflejo de luces, la sombra de un vagón detenido. Cada trazo estaba cargado de preguntas: ¿qué hace que un chico se vuelva adulto? ¿Cuándo una historia deja de ser una excusa para jugar y empieza a ser una responsabilidad? Mientras su lápiz repasaba las líneas, recordó la última conversación con su mejor amigo, Hiro, que vivía en la ciudad anterior. "No te olvides de por qué comienzas", le dijo Hiro, con la seriedad de quien anticipa despedidas. Kazuya sonrió ante el recuerdo: su voz había sido a la vez protección y llave. shounen ga otona capitulo 1 cap 1
Hubo una tarde que quedó grabada con tinta azul: mientras fumaba un cigarrillo en la azotea (algo que en el fondo no le gustaba pero que hacía para sentirse mayor), vio a una figura bajar por la escalera de servicio. Era una chica de su edad con una bufanda roja y una mochila llena de libros. Sus ojos se encontraron y, por un instante, no supieron cómo romper el silencio. Ella se presentó como Mei, estudiante de literatura y fotógrafa aficionada. Hablaron de autores y canciones, de lugares que huelen a lluvia y de cómo el tiempo podía estirarse hasta doler. Mei tenía una manera de nombrar las cosas que hacía que Kazuya se sintiera visto. No le dijo que le gustaban los cómics, ni que se consideraba un soñador; en vez de eso, le ofreció un cuaderno donde llevaba frases recogidas en la ciudad. "Para cuando no quieras hablar pero quieras que alguien entienda", le dijo. Kazuya aceptó con torpeza y, sin pensarlo, le dejó su propio cuaderno a Mei para que lo ojeara. Ella no leyó en voz alta
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